Milani no debe seguir en su cargo

25 de marzo de 2015
Diario Clarín

Por Leandro Despouy

Grotesca paradoja de nuestra historia reciente que enaltece los derechos humanos como política de Estado y a 32 años de recuperada la democracia erige como Jefe del Ejército al teniente general Milani, acusado de haber participado en la cruenta represión de los años setenta.

Quienes se opusieron a su ascenso a la jefatura de Ejército –el CELS, el senador Morales, la diputada Carrió, entre otros– han expuesto con claridad y solvencia los múltiples fundamentos que revelan la oscura y trucada biografía del militar, su integración al movimiento Carapintada y acusaciones por enriquecimiento ilícito. Se señala su participación en las actividades represivas del Operativo Independencia ordenado por Isabel Perón en 1975; en el golpe de Estado en La Rioja y, meses más tarde, en la desaparición de su asistente Alberto Ledo, según testimonios que lo involucran. Este hombre de probada e inmerecida suerte avanza hoy imperturbable por las altas esferas del poder, sin que nadie detenga su marcha ascendente en las más sensibles áreas de inteligencia del Estado, las que integró antes, durante y después de la dictadura. En esas áreas, precisamente, se está librando un aterrador combate entre espías y políticos que impacta fuertemente a la sociedad, más aún tras la muerte del fiscal Alberto Nisman, que investigaba el encubrimiento y la impunidad en el atentado más grave de la historia del país.

Está probado que Inteligencia de Ejército fue la usina que elaboró las estrategias más temibles y eficaces del plan de exterminio. Videla lo ratifica cuando dice: “los oficiales de Inteligencia (…) fueron clave en la guerra contra la subversión, que bien podemos llamar de Inteligencia”. El represor Barreiro insiste: “La simplificación de la picana es agraviante para la gente de Inteligencia”, porque sin ella “la Argentina sería hoy Cuba”.

Cruel ironía del destino. A casi 40 años del golpe, un militar que participó en él se desempeña hoy como Jefe del Ejército. La contradicción alcanza el paroxismo si pensamos que toda su trayectoria tuvo lugar en la siniestra Inteligencia del arma, transformada ahora por el Ejecutivo en un verdadero emblema que proyecta a Milani como la figura más fuerte y dominante de la inteligencia argentina.

Sin desmerecer el principio de presunción de inocencia, con honestidad, no podemos dejar de preguntarnos: ¿Es posible haber transitado por los tétricos corredores de la muerte sin haber participado en los hechos de sangre o en las cámaras de tortura instaladas en los Centros Clandestinos de Detención que funcionaron durante esos años en nuestro país? ¿Es humanamente posible haber descendido a todos los estadios del Infierno y caminar por sus cornisas sin haber sentido jamás –como alega Milani con cinismo– la cercanía del calor sofocante de las hogueras incandescentes del exterminio?

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