Europeos, no levanten ese muro

Print Friendly, PDF & Email
24 de Julio de 2008
Publicado en Diario Clarín

Las duras restricciones a la inmigración que está introduciendo la Unión Europea representan un severo retroceso, una negación de la realidad y una transgresión a derechos y garantías consagradas por acuerdos internacionales.

Syrian migrants cross under a fence into Hungary at the border with Serbia, near Roszke, August 26, 2015. Hungary's government has started to construct a 175-km-long (110-mile-long) fence on its border with Serbia in order to halt a massive flow of migrants who enter the EU via Hungary and head to western Europe. REUTERS/Laszlo Balogh


 

No traiciones a la fugitiva que un exilio impío ha arrojado de un país lejano” dice Esquilo en Los Suplicantes, la más antigua de las tragedias, escrita hace 2.500 años, cuando cincuenta mujeres llegan desde Egipto a las costas griegas (.) “Nosotros tendremos la residencia en este país, libres, sin rescate y con derecho de asilo”. ¿Será que Europa ya olvidó esta sabia lección? La reciente Resolución del Parlamento Europeo sobre el tratamiento de la inmigración (Directiva de Retorno, 18 de junio de 2008) parece confirmarlo, a juzgar por el amplio rechazo provocado en la comunidad internacional, y la fundada perplejidad en América latina, cuya población es predominantemente de origen europeo.

En mi condición de Relator Especial de la ONU, junto a otros ocho relatores y el Grupo de trabajo sobre Detenciones Arbitrarias rechazamos enérgicamente esta Directiva cuya adopción será tratada entre hoy y mañana por el Consejo Europeo.

La aplicación del régimen de detención durante el proceso de repatriación, que incluye a los menores de edad no acompañados por sus padres o tutores y a otros grupos vulnerables, es una de nuestras principales preocupaciones. La Directiva establece períodos de detención entre 6 y 18 meses. En cuanto a los menores solos, inquieta que a sus ya graves y delicadas circunstancias, se los pueda asimilar a una condición cercana a la delincuencia.

Pero criminalizar la inmigración irregular y recurrir a la detención como mecanismo de sanción resulta, por cierto, desmesurado. Y si bien esta medida está prevista como último recurso, advertimos sobre la gravedad de estos hechos, recomendamos que se prevean medidas alternativas a la detención y que la legislación contenga referencias más claras sobre las obligaciones de los Estados al respecto.

Subrayamos la importancia de respetar las necesidades de los grupos vulnerables en tanto se considera imprescindible proteger y establecer garantías específicas para las víctimas de severos maltratos psicológicos, físicos y de violencia sexual, incluida la violación, que deben ser abordadas con especial cuidado durante la determinación de sus casos.

La preocupación se acentúa cuando advertimos que, además de sus alarmantes implicancias, la Directiva no brinda las suficientes garantías legales y procesales, ni con respecto a las condiciones de detención, ni a la revisión judicial que, en todo caso, debe ser promovida por el propio inmigrante en situación de ser repatriado. Dicha revisión no es un privilegio, sino un derecho humano que los Estados deben garantizar incluso durante los períodos de emergencia pública. Asimismo, la posibilidad de acompañar la decisión de repatriación con una prohibición de retorno a la Unión Europea por un plazo de hasta cinco años, podría violar el principio universal de “non-refoulement” que prohíbe la expulsión a un país donde nuestra vida o seguridad corre riesgo, si durante ese largo período se deterioraran las condiciones en el país de retorno. Europa ha sido uno de los continentes más castigados por el fenómeno de la expatriación.

Desde fines del siglo XIX millones de europeos víctimas de la pobreza y la desocupación encontraron abiertas las puertas de los países americanos. A mediados del siglo XX, el mundo se pobló con europeos que huían de las persecuciones y masacres causadas por los regímenes totalitarios.

Hoy, la globalización aplica su impronta en los mercados de trabajo generando migraciones constantes y variables, formales e informales. Y cuando miles de ciudadanos a diario intentan acceder a trabajo, educación y una vida mejor en los países desarrollados, deben hacer frente a una cadena de obstáculos, algunos de ellos mortales y otros teñidos de inocultable discriminación, racismo y xenofobia. Trágicas y desgarrantes estadísticas dan cuenta de este fenómeno. Europa no alcanzó a derribar sus propios muros antes de iniciar la construcción de otros que intentan separarla del mundo de lo pobres. Las migraciones del siglo XXI, sean internas o internacionales, voluntarias o forzosas, con frecuencia masivas, obedecen a múltiples factores: guerras, persecuciones, catástrofes, hambrunas; todas tienen como principal agravante la pobreza y, en muchos casos, su faceta más tétrica: la miseria.

La extrema pobreza se cuenta hoy entre los factores que más vidas cobra y es una de las causas primordiales del infortunio de la humanidad. Quienes alguna vez nos vimos empujados al destierro, como sucedió con millares de latinoamericanos que en la década del 70 debimos huir de las dictaduras que devastaban la región y recibimos generoso asilo en muchos países europeos, comprobamos con asombro que no es esa la suerte que el destino ofrece a quienes hoy huyen de la pobreza para asegurar la supervivencia de sus hijos.

No se trata de que el espanto de la miseria sea menor al de una cárcel clandestina sino que la protección jurídica de un perseguido político es una conquista y ésta no le ha concedido aún a la miseria una condición similar. ¿Qué diría de nosotros el mundo si -por ejemplo- argentinos, brasileños o venezolanos decidiéramos aplicar esas mismas medidas para expulsar a españoles, italianos, portugueses.?

Fuente