Debemos recuperar el Mercosur

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9 de noviembre de 2015
Publicado en Diario Clarín

Horacio Cardo

 

El 30 de noviembre se cumplieron treinta años del encuentro histórico en Foz de Iguazú de los presidentes constitucionales Raúl Alfonsín y José Sarney que dio comienzo al acuerdo de integración que luego sería el MERCOSUR. La región atravesaba sus peores momentos por las deudas externas que crecían y las dictaduras cuyas políticas criminales eran coordinadas en el Plan Cóndor.
Este encuentro incluyó una visita a la represa de Itaipú; el guiño de los presidentes no era superfluo: entonces, la regulación de la Cuenca del Plata era, para los gobiernos militares, una de las hipótesis de conflicto. Al acuerdo entre Brasil y Argentina siguió la incorporación de Uruguay (Acta de Alvorada, 1988), dinámica que fue coronada, en 1991, con la firma del Tratado de Asunción que da origen al MERCOSUR: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y dos Estados asociados, Chile y Bolivia; en 2012 se unió Venezuela.
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, recordó el aniversario de aquel encuentro, y coincide con el presidente electo Mauricio Macri en cuanto a que Argentina y Brasil son “mucho más que socios”, destaca las potencialidades y espacios de cooperación “todavía por explorar” y afirma que hoy están mejor preparados para enfrentar los desafíos del escenario internacional. (“Argentina y Brasil, a 30 años de la Declaración de Iguazú”).
La diplomacia de Alfonsín, portadora de derechos humanos y Estado de derecho, tuvo un rol muy activo en la pacificación y transición a la democracia en el Sur del continente. Los acuerdos con la mediación Vaticana y un sí abrumador del pueblo argentino en el plebiscito (81,32%) sellaron la paz con Chile en 1984. Como embajador de la Cancillería alfonsinista, participé en la reconstrucción democrática del Uruguay y del Paraguay –que vivía las turbulencias del fin del stronismo– países que todavía reconocen con generosidad aquellas manos tendidas de nuestra democracia naciente.
Inspirada en el modelo de la Unión Europea de privilegiar los derechos civiles y políticos en su arquitectura –que impidió el ingreso de España, Portugal y Grecia mientras vivieran en dictaduras– la XVI Cumbre presidencial del MERCOSUR (1988) puso a resguardo el principio democrático y se firmó el conocido Protocolo de Ushuaia. Recordemos que Nelson Mandela fue un invitado especial a estas jornadas. La iniciativa había surgido como consecuencia de la crisis en el Paraguay, donde el Presidente Juan Carlos Wasmosy, sufría los embates golpistas del general Lino Oviedo, a quien años más tarde el presidente Menem otorgó asilo en la Argentina, en un caso vergonzante que oportunamente censuramos con el ex canciller uruguayo Héctor Gross Spiel por ser violatorio de la Convención respectiva .
Era necesario que las arterias económicas regionales se ampliaran pero el MERCOSUR encontró límites a su edificación institucional y ha pasado un periodo de notable debilidad en la última década; no se han desarrollado los vínculos comerciales y se han presentado momentos críticos como los planteados entre Argentina y Uruguay por las papeleras, Paraguay en 2012, o la situación que está atravesando Venezuela, que reviste una gravedad superlativa por las evidentes violaciones de los derechos humanos que se registran y a la vez, sus posibilidades de cambio luego de las elecciones de este 6 de diciembre.
Hoy se presentan nuevas oportunidades para el MERCOSUR en todas sus áreas, que la Cumbre del 21 de diciembre de 2015, en Asunción, tendrá oportunidad de actualizar, al igual que retos como la lucha contra el narcotráfico y la defensa del ambiente, por ejemplo la profundización del acuerdo por la preservación del Acuífero Guaraní, que abarca Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina. Múltiples gestos de los actuales mandatarios muestran que la región va ingresando a una nueva fase en sus relaciones multilaterales –en todas las direcciones– y que solo la integración otorga mayores y mejores posibilidades de crecimiento.
Es indispensable jerarquizar las ventajas políticas y económicas de la integración, relanzar e intensificar las negociaciones y fortalecer efectivamente la institucionalidad de sus estructuras, partiendo de la convicción de que el progreso económico de la región sólo es posible bajo la plena vigencia de los derechos humanos y el sistema democrático. En ello residen las principales virtudes de la integración económica, comercial científica y cultural, como demanda hoy el mundo. El camino recorrido por el MERCOSUR en estos años es extenso, más allá de sus emergencias, pero aún queda un largo trecho por transitar y ante cada encrucijada debemos tener en cuenta los principios y valores que distinguieron Alfonsín y Sarney para la integración y la convivencia en el continente.

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