A propósito de Prueba Contraria: Ese túnel perverso de la represión

Print Friendly, PDF & Email

En la obra teatral Prueba Contraria se replantean preguntas que sobrevuelan hace años: “¿Es posible el perdón sin que este provenga de quien ya no está para otorgarlo? ¿Es posible conservar intacta la representación idílica de un pasado en el que los prejuicios políticos impedían la vida en pareja entre personas de un mismo sexo? ¿Puede un mundo revolucionario ser tan retrógrado como para herir de muerte su esencia progresista?”.

Información de imagen

Prueba Contrariaobra de teatro actualmente en cartel en la ciudad de Buenos Aires, basada en la novela Prova Contrária del dramaturgo brasileño Fernando Bonessi y dirigida por Román Podolsky, no solo retrata una época, sino un momento de violencia y crueldad en el que todas las expresiones del autoritarismo se incrustaron en lo más recóndito de nuestro comportamiento social y enfrenta al espectador con la vigencia de un pasado –el de la dictadura– desde donde es difícil regresar sin reeditar uno a uno sus aspectos más crudos.

La adaptación de Daniel Veronese, Patricio Abadi y Mariano Saba muestra además que el amor, el idealismo y el arrojo juvenil no logran atravesar indemnes ese túnel oscuro y perverso de la represión despiadada, racional y fría que busca eliminar y denigrar los aspectos más nobles y genuinos de la condición humana. A eso apuntaba la violencia estatal de los 70 y los dos personajes que protagonizan la obra prueban hasta qué punto se logra ese objetivo, representado en escenas cotidianas en las que las secuelas del ayer dominan el íntimo escenario de una vida trastocada por los recuerdos.

El logro del hoy, en la magnífica interpretación de Vera, personificada por la talentosa actriz María Laura Cali, es quizás la escena más conmovedora de la obra y se apoya en la decisión íntima de incorporar a la muerte como un dato inexorable y perceptible de la realidad.  Hay ruptura con un pasado desgarrador y al mismo tiempo la culminación de un diálogo agrio, por momentos agitado, siempre frío e hiriente con quien fuera su amor de juventud, pero a quien solo ama desde un sentimiento de culpa indefinible, imposible de redimir,  acentuada con maestría en el rostro implacable y vengativo de Luisa, militante política desaparecida en circunstancias similares a las de la mayoría de nuestros compatriotas, que encarna la experimentada actriz María Figueras.

Pero en Prueba Contraria además de talento interpretativo, se produce un despliegue artístico atrapante, por momentos cáustico, contaminado por algunos rasgos vulgares de nuestra idiosincrasia, vivamente reflejados en las frívolas obsesiones de la vecina de Vera y en el comportamiento de quienes colaboran en la mudanza hacia su nueva vivienda, un departamento en refacción que refleja la precariedad existencial de alguien que busca, en ese cambio, su propia reconstrucción. ¿Es acaso posible semejante hazaña individual estando aún latentes los rastros de la delación arrancada por la tortura? ¿Es posible el perdón sin que este provenga de quien ya no está para otorgarlo? ¿Es posible conservar intacta la representación idílica de un pasado en el que los prejuicios políticos impedían muchas veces la vida en pareja entre personas de un mismo sexo? ¿Puede un mundo revolucionario ser al mismo tiempo tan retrógrado como para herir de muerte su esencia progresista? Si, claro que puede ser. Todo eso estaba presente en aquellos años, en los que el autoritarismo se encarnó inclusive en quienes se erigían en todo lo contrario.

¿El dolor tiene precio? O por el contrario ¿Aceptar una indemnización por el daño sufrido profundiza aún más su vigencia? Cuando la dictadura sancionó la ley que declaraba la muerte presunta de las personas desaparecidas a cambio de una indemnización para los familiares, los organismos de Derechos Humanos y los familiares de las víctimas la repudiaron y prácticamente nadie se presentó a reclamarla. Más tarde, con el retorno a la democracia, se derogó esa ley y la CONADEP estableció que las personas habían desaparecido a causa de la violencia militar. Se abrieron entonces cauces indemnizatorios a los familiares de las víctimas sin que ello implicara la exoneración de responsabilidades de quienes instauraron el terrorismo de Estado en el país. En esas condiciones, la mayoría de los organismos de Derechos Humanos promovieron, a manera de reparación, que el Estado asumiera la indemnización de las víctimas y de sus familiares, y muchas otras medidas en ese sentido.  La Argentina es uno de los países que más recursos ha destinado en favor de las víctimas de la dictadura. Sin embargo, nuestra experiencia implicó un largo proceso que atravesó distintas vicisitudes. Recordemos que había organismos que al comienzo de la era democrática aceptaban las indemnizaciones pecuniarias, en tanto otros, las rechazaban.

La obra nos sitúa en la intimidad de las organizaciones de la izquierda armada, sedimentadas en un clima social revolucionario como respuesta a las sucesivas dictaduras militares que habían sembrado un profundo escepticismo en la viabilidad del sistema democrático en toda la región.

 La puesta de Prueba contraria permite que la obra se desarrolle con deslumbrante veracidad y dramatismo. Se trata de alguien que habrá de instalarse en un lugar adquirido con fondos provenientes de la indemnización por una muerte, de la que ella misma fue víctima y, al mismo tiempo, involuntaria e inevitablemente, parte. Están presentes la culpa y a su vez la pérdida de la persona amada en un contexto de adversidad no solo social sino al interior de su propio grupo de pertenencia. La obra nos sitúa en la intimidad de las organizaciones de la izquierda armada, sedimentadas en un clima social revolucionario como respuesta a las sucesivas dictaduras militares que habían sembrado un profundo escepticismo en la viabilidad del sistema democrático en toda la región. Plantea, con valentía, las contradicciones que se generan en un mundo inspirado en las consignas de un hombre nuevo, pero conducido por una dirigencia rígida y contaminada de autoritarismo, que desampara a sus militantes en un contexto amenazante, cruel y represivo.

Quizás la obra interpele a todos los sobrevivientes, a los que salvó la suerte, el exilio, el miedo, las cercanías o las distancias, lo cierto es que ella nos conduce por circuitos de espejismos y perplejidades desde donde es imposible salir sin que lo ideológico se reconcilie con el alma. Solo una interpretación magistral como la que llevan a cabo María Laura Cali y María Figueras puede acercarnos a la convicción de que la vida puede conducirnos, algún día, a un “basta ya”… definitivo… para comenzar a vivirla plenamente.

Prueba contraria puede verse  en la sala Fuga Cabrera, Cabrera 4871 – Timbre C de la Ciudad de Buenos Aires. Sábados 23.

*Político y abogado defensor de los derechos humanos. Desde el año 2002 preside la Auditoría General de la Nación, órgano estatal autónomo encargado del control del manejo de fondos públicos por parte del Poder Ejecutivo.

Fuente